La jerarquía del poder

De: El Planeta invisible

02 04 pm

Categoría: Sin categoría

4 comentarios



El poder aparece, a lo largo de los siglos, como una propiedad que poseen ciertos seres humanos. Se irradia a partir de un centro, se articula y localiza en determinadas estructuras y tiene un fin determinado, que normalmente se identifica con el «bien común» de la colectividad en la que se da; lo que ocurre es que este «bien común» o «verdad» no siempre es nítido y claro, sino que muchas veces se confunde con los intereses particulares de la cúpula de ese colectivo o institución.
El poder suele presentarse en forma de ley, y así permite, prohibe, dicta y dice lo que debe hacerse. El poder es limitador, penetra hasta lo más secreto e íntimo de la conducta humana, controla, orienta, configura…, se plasma en instancias intermedias como representantes del poder absoluto: la diócesis, las parroquias, las provincias religiosas, las comunidades… Siempre se reproduce en clave de delegación.
El poder así entendido configura una dinámica vertical (de arriba abajo y siempre jerarquizada). Los de arriba controlan el saber, la información, los recursos; a los de abajo sólo les queda someterse ser dóciles, acatar… Y el poder mismo se ve «obligado» a reprimir, «por su esencia y por el bien común», todos aquellos comportamientos que no van en Iínea con el orden establecido.
La Iglesia y todas las sociedades en su avance civilizador han asumido hasta nuestros días esta lógica tan eficaz y efectiva. Y así, en nombre de la verdad y del bien, la historia ha asistido a espectáculos tales como la Inquisición, las «limpiezas étnicas», las cruzadas, la violencia, la guerra santa… y la no tan santa.
Igualmente la historia nos muestra en todas sus páginas que siempre ha habido seres humanos bien asentados en su ser personal que se han rebelado ante esta forma absolutista e irracional de
entender el poder, por considerarlo siempre como un atentado a la libertad humana.
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4 comentarios el “La jerarquía del poder”

  1. el poder también viene dado por las decisiones de las urnas, es entregado por el bien común (como decías).. de cualquier forma de poder se han de aislar los abusos, se ha de controlar el uso del poder… en fin que me extiendo y no es el caso. un saludo

  2. LO has expresado con una claridad absoluta.
    El poder siempre tiene la tentación de creer que lo dictado obecedece al bien común.
    De acuerdo con Gaia56, algunos pueblos tienen la fortuna de poder delegar el poder en administradores, y la suerte de contar con mecanismos de control…
    pero no siempre se garantiza que en bien común sea realmente “bien común”
    La Iglesia, las iglesias, no cuentan con poder delegado ¿a quién representan? Casualmente, sus intereses siempre están máas cerca del suelo que del cielo.
    Un abrazo.

  3. El poder -me temo que cualquier forma de poder- es en sí mismo un atentado contra la libertad colectiva. Lástima que lo contrario, en sociedad, sea una absoluta utopía.
    La libertad sólo cabe (y encajada a veces de mala manera) a nivel individual: para los sistemas “sociales” cada vez se dibujan más normas y se limitan más los movimientos. Es “el poder” quien lo hace. ¿Seguro que por el bien común? ¡Eso es otra utopía!


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